Graffitis por encargo
El proyecto nace con la voluntad de reconciliar dos posturas a menudo enfrentadas. Por un lado, la voluntad de las administraciones de preservar los espacios públicos de acciones que potencien la sensación de contaminación visual o de lugares desatendidos por parte de la municipalidad. Por el otro, la reivindicación de estos mismos espacios como un ámbito de expresión y comunicación entre ciudadanos a través del llamado arte urbano. Desde que el Ayuntamiento de Barcelona implementó su Ordenanza Cívica, la ciudad ha dejado de ser un referente mundial en el ámbito del arte urbano. Pero el freno a la creatividad de sus escritores, no ha significado el fin de las intervenciones. El graffiti, en su faceta más creativa, ha dado paso a acciones de apropiación del espacio por acumulación, conocidas como tags. En pocos minutos, estas intervenciones pueden llegar a “marcar” infinidad de elementos del espacio público - mobiliario, puertas, rejas, señales, esculturas, muros, etc., incrementando la sensación de dejadez de calles, incluso de barrios enteros.
